On the air (o la primera vez)

En mi segunda intervención radiofónica pude por fin estar presente en el estudio, en directo, sin teléfonos por el medio. Fue mi primera vez. Y como toda primera vez, fue emocionante y aterradora a partes iguales.

Emocionante por la novedad y la oportunidad que supone, aterradora porque lo desconocido da miedo. Además cuando no has hecho nunca una cosa, no sabes hacerla, y eso genera una inseguridad que puede fácilmente traicionarte. Sigue leyendo

On the air (o sin tocar el suelo)

foto blog

Imagen customizada con las artes mágicas de mi amigo Jose

 

Aunque ya han pasado casi tres semanas desde que solté la mochila, debo decir que todavía estoy volviendo al mundo civilizado, a la realidad. Aún tengo la sensación de no estar tocando suelo, de estar dejándome llevar sin darme mucha cuenta de que ya no hay un sendero marcado, que no hay señales que seguir y, sin embargo, las riendas ya vuelven a estar en mis manos y tengo que agarrarlas fuerte, decidir y arriesgar. Sigue leyendo

Los siguientes pasos

Hoy el vaso no está ni lleno ni vacío, está desbordado. Mana de él un absoluto y profundo placer. Después de tanta tierra, de tantos pasos, de tanto aire, he llegado al mar. He llegado al mar y me siento ebria de naturaleza, borracha de emoción y agradecida por haber podido cumplir un pedazo de sueño.

Regresaré a casa mañana. Cargada, renovada y plena. Con toda la ilusión por empezar de nuevo esa senda filosófica que abrí a principios de este año.

En esta entrada quiero contarte algunas de las cosas que voy a hacer nada más volver a casa. También puedes pinchar aquí y ver la agenda de actividades que acabo de actualizar para los dos próximos meses: Sigue leyendo

Madres en apuros

Tengo pocos recursos: una familia que me apoya y una pasión. Podrían ser suficientes si no fuese porque me hace sentir mal depender de otros mientras consigo transformar esa pasión en mi modo de vida.

Para subsanar este sentimiento dedico las tardes de la semana a cuidar de un niño de 4 años. Mi tarea es recogerle en el colegio, estar con él en la plaza donde juega con otros niños y niñas, ocuparme de que meriende y llevarle a casa. No gano mucho dinero, pero sí gano experiencias que nutren mi pasión, relacionándome con él, con los otros niñ@s y con los adultos (suelen ser mamás) que les acompañan.

Casi desde el primer día me ha costado mucho menos trabajo entenderme con los chic@s que con las mamás.

Entablar conversación con ellas es complicado desde el momento en el que saben que yo no soy madre. Soy la “chica que cuida de” y no puedo entender nada de lo que supone educar un hijo. Sigue leyendo