Mi Camino de Santiago: 1777 km sola y a pie

cogiendo agua

En agosto del 2015 me calcé las botas, me ajusté la mochila y me fui al centro de Francia para recorrer la Vía Lemoviciense o de Vézelay. Una ruta que me llevaría hasta los Pirineos para enlazar con el Camino Francés, que pasa por León, mi ciudad natal, por Santiago de Compostela y que acaba en Fisterra, o allí donde te encuentres con el mar.

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La holgura del vacío, la sed y un barquero en el camino

imagesMás allá de las preocupaciones y ocupaciones cotidianas, más allá de nuestros vicios, de nuestros afectos, de lo que consideramos importante, hay algo perturbador, tan perturbador que no somos capaces de mirarlo de frente: un inmenso y oscuro vacío.

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El Camino. Capítulo VI. La cabra tira al monte

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En algunas culturas tienen la creencia de que cada uno de nosotros tenemos, o nos vemos reflejados en un animal. Lo llaman animal de poder. A mí me hubiera gustado que mi animal de poder fuese el esbelto y fiel caballo o la brillante mariposa, esas especies que sin saberlo embellecen el paisaje, pero creo que me ha tocado la cabra. En este viaje es posible que el mayor descubrimiento haya sido ese, tras el cual ha comenzado un proceso de aceptación de tan noble animal.

Sigo viva, sigo en el Camino. Sigue leyendo

El Camino. Capítulo V. El día a día en la vida peregrina

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Llevo caminados algo más de mil kilómetros desde que empecé este viaje allá a mediados de agosto. Mis botas se caen a cachos, mi mochila huele fatal, mi piel es de otro color y si mi pelo ya era rebelde, ahora es indomable.

Hace ya unos días que el panorama ha vuelto a dar un giro. Ya no estoy en Francia. Crucé los Pirineos hacia este lado de tierra que ya huele a hogar. Sigue leyendo

El Camino. Capítulo IV. Cuando una no tiene la vida resuelta

IMG_20150915_142020Cuando no tienes un trabajo estable, que te reporte un dinero todos los meses, careces de estabilidad, ese don tan preciado que parece querer la humanidad, y vives en una constante incertidumbre sobre el mañana. Mi generación, lo tiene difícil para resolver su vida de la manera tradicional, y casi que menos mal, porque cuando algo se resuelve, se acaba. Sigue leyendo

El Camino. Capítulo III. Sola no, conmigo

Abrazos abrazosos

Abrazos abrazosos

Si en el primer capítulo fueron los campos de girasoles y en el segundo los bosques de cuento, en este destacan los viñedos, los cazadores y la lluvia. Además en este se acaba el periodo de caminar acompañada y comienza la etapa a la que más temor tenía, la de la soledad. Sigue leyendo

El Camino. Capítulo II. Valiente cobarde

Contrastes en el camino

En el capítulo anterior hablaba de una vida en las nubes, pero en este quiero hablar de tomar tierra. Tierra que atrae cada paso haciendo sentir su gravedad y mi peso. Sigue leyendo

El Camino. Capítulo I. Vivir en las nubes

Amanecer después de dormir

Amanecer después de dormir “a la belle etoile”

Hace mucho que no entrego tiempo a la actividad de escribir. Las últimas actividades, los viajes y el seminario de filosofía que me trajo a Francia, y que supuso una verdadera inmersión hacia mis inconsistencias, mis máscaras y mis limitaciones, me han puesto en movimiento apartándome de este espacio en blanco que tanto me cuesta mirar cara a cara.

Y aquí estoy, como venía anunciando, en pleno Camino. Alterado el estado de las cosas, alteradas mis circunstancias, mis necesidades, mi ambiente, mi tiempo, llevo casi tres semanas caminando de vuelta a España, o por decirlo de otra manera, viviendo en las nubes. Sigue leyendo

De la caverna a la madriguera

Filosofía Útil se lanzará a la vida nómada dentro de un mes. Superados sus primeros meses de existencia, todavía le quedan unas cuantas cosas que hacer antes de despedirse hasta la próxima temporada, que comenzará de nuevo allá en noviembre.

Probablemente un avión, un tren o un bus, me llevará a una pequeña aldea de Francia para participar en un campamento internacional en el que nos dedicaremos a practicar filosofía. No tengo billete de vuelta, puesto que desde allí, con mi mochila de imprescindibles, caminaré de regreso hasta el fin de la tierra, cosa que estimo, me llevará tres meses.

Si todavía no sabías de mis intenciones peregrinas, te lo voy a contar:

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Echar a andar

A veces son tantas las cosas que querría contar y compartir, que me quedo con cara de boba y, como me sucedió la semana pasada, no escribo nada de nada.

Hoy, para relajar tanta actividad y para seguir un poco la línea de “los sueños son para cumplirlos”, quiero centrarme en uno de los pilares, de los que te hablaba en la entrada anterior, que sostiene mi propia fantasía: me encanta caminar.

De hecho, y si quiero ser sincera, hasta ahora he rozado el tema varias veces, pero a partir de ahora posiblemente lo que te encuentres en este espacio, este relacionado con la experiencia del caminar.

No creas que es algo alejado de la filosofía. Muchos pensadores como Sócrates, Nietzsche, Rousseau, Kant, Aristóteles o el propio Gandhi, por ejemplo, se movían, ya fuere haciendo grandes rutas o dando pequeños paseos.

La actividad de poner un pie detrás de otro durante un tiempo, sin que se trate de un simple deporte, una penitencia o una clase de turismo, lo considero tan útil o más que el ejercicio de filosofar. Sigue leyendo