PRÁCTICAS FILOSÓFICAS

 

 

En el 2015 abrí este blog con todas las ganas de volcar aquí todo lo que estaba (y estoy) aprendiendo y experimentando en el mundo de la filosofía, especialmente en el terreno de su práctica. En aquel momento te conté esto:

“Cuando realizamos alguna actividad, ya sea un deporte, tocar un instrumento o cocinar, vamos mejorando porque practicamos las habilidades que requiere esa actividad. Cuanto más practicamos, mejor se nos da. Pues con la filosofía ocurre lo mismo.

Para practicarla, para filosofar, empecemos por saber qué herramienta necesitamos, qué habilidad vamos a ejercitar, qué objetivos o resultados vamos a encontrar y qué método vamos a usar para lograrlos.

La herramienta más importante y fantástica que necesitamos es nuestra mente. Lo malo es que no la dominamos, lo bueno es que todos la tenemos.

La habilidad que se desarrolla es la de pensar. Cuando pensamos hacemos un montón de cosas, desde percibir hasta argumentar. Lo bueno es que podemos ejercitarnos, lo malo es que normalmente no lo hacemos, no estamos habituados.

El objetivo principal es hacerse consciente de uno mismo y de lo que nos rodea. Desde la consciencia solo hay un paso hasta el conocimiento. Desde el conocimiento podemos entender, decidir y actuar de manera libre. Lo malo es que vamos a encontrar problemas que no sabíamos que teníamos, lo bueno es que nos vamos a reconciliar con ellos.

El resultado, como mínimo, será tener una experiencia liberadora, un aprendizaje.

Los métodos son muchos y muy variados. Yo utilizo dos:

La metodología de filosofía para niñ@s: a pesar de su nombre esta metodología no solo es para niñ@s, pueden practicarla personas de toda edad y condición. Es una práctica que se basa en la idea de crear una comunidad de investigación mediante la escucha activa y participativa. El grupo trabaja partiendo de un texto, palabra, imagen o cualquier recurso que consiga disparar el diálogo. Los participantes generan preguntas y deciden qué es lo que quieren investigar. Hacer buenas preguntas o dar razones son claves en esta práctica. La persona que dirige el proceso debe formar parte como uno más del grupo y se le suele llamar facilitador. Puedes saber más aquí.

El diálogo socrático o mayéutica: también puede realizarla cualquier persona de toda edad y condición. Es una práctica más cerrada, más dirigida. Aquí no son los participantes los que deciden, es el facilitador el que cuestiona. No se trata tanto de hablar sobre un tema particular sino de indagar en el conocimiento de uno mismo. El diálogo busca la verdad que se esconde tras el discurso, tras la respuesta. Busca la toma de conciencia provocando la desvinculación de nuestras opiniones en favor de la producción de ideas nuevas. Más aquí.

Ninguna de las dos alternativas requiere tener conocimientos previos de filosofía. Solo hay que pensar aquello que no creeríamos pensar nunca, imaginar lo inimaginable y salir de uno mismo.

El filósofo que yo concibo hoy en día es aquel que a través de la práctica filosófica, es decir, a través del ejercicio de pensar, consigue paralizar el mundo durante un rato para sorprenderse observando, cuestionando y analizando tanto lo que le rodea como a sí mismo. Además este ejercicio lo realiza con otras personas”.

Te dejo por aquí algunos enlaces interesantes por si quieres seguir explorando por tu cuenta qué cosas se están haciendo en el campo de la Práctica Filosófica actualmente (en España), ¡aunque seguro que hay muchos más que se me olvidan!:

Taller de prácticas filosóficas

Instituto de Prácticas Filosóficas

Philotrivium

Consulta Filosófica

Cura Sui

Equánima

Filosofía para Niñ@s

Proyecto Noria

Te dejo también un artículo de Gabriel Arnaiz sobre el “giro práctico de la filosofía”

De este mismo autor, un imprescindible es su edición del libro de O.Brenifier:

Filosofar como Sócrates. Introducción a la práctica filosófica.512318-340x340.jpg

 

 

 

Los tres títulos que menciono en el primer vídeo como ejemplos de divulgación filosófica son:

El mundo de Sofía (1994), de Jostein Gaarder; Ética para Amador (1991), de Fernando Savater y Más Platón y menos Prozac (1999), de Lou Marinoff.

 

Seguiré contándote de qué va todo esto y para qué sirve, pero no dudes en escribirme para saber más o decirme qué te parece a: lafilosofiautil@gmail.com