BIENVENID@!

 ESTA SOY YO 

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Mi nombre es María y soy filósofa.

Aunque no te lo creas hace poco tiempo que soy capaz de afirmarlo. La gente  suele poner caras raras cuando preguntan qué estudié o a qué me dedico, así que era la última información que daba. Tampoco es algo que me costara mucho esfuerzo puesto que yo misma renegaba de ello.

En la facultad perdí todo entusiasmo y solo me movía la remota posibilidad de ser profesora de secundaria, única opción que en ese momento creía que me daría la posibilidad de tener mi lugar en el mundo, hacer algo útil y disfrutar con ello. Por otro lado lo que me ha ido dando de comer no ha sido precisamente haber estudiado filosofía. He trabajado en una oficina, de camarera, diseñando tatuajes, cuidando niños, etc., y seguro que seguiré haciendo lo que sea necesario, pero sin perder de vista el sendero que tiempo atrás me salió al paso y decidí caminar.

Hasta hace un par de años desprecié la filosofía. Nunca me gustó tener la nariz metida en los libros. Tampoco me motivaba engordar con más teorías nuestro legado filosófico. No me servía para nada, no tenía ni idea de cómo utilizarla para vivir: a ningún nivel, ni para sentirme bien ni para ayudar a otros ni para mejorar o ganar dinero. No sabía manejar mi mente. Mi sistema de pensamiento se encontraba atrofiado y funcionaba mal. Me sentía frustrada, cansada, impotente, triste e inútil. No se trataba de nada patológico, no tenía problemas psicológicos, simplemente mi vida carecía de sentido.

Pero haciendo el máster del profesorado tropecé por casualidad con lo que se denomina “Filosofía para niñ@s”, una metodología activa dirigida tanto a niñ@s como a adultos, que ayuda a pensar y aprender en comunidad. Me encantó la idea y me dio la oportunidad de hacer mis primeros trabajos como profesora.

Más adelante se cruzaron en el camino otras prácticas filosóficas. Desde el “asesoramiento filosófico” enfocado a prestar orientación y ayuda para la vida (personal, profesional, académica, existencial, etc.) hasta la realización de talleres grupales o cafés filosóficos, estas últimas experiencias compartidas y relacionadas con el ejercicio de pensar.

Volví a tener ilusión. Empecé a pensar de otra manera. Me di la oportunidad de conocerme mejor a mi misma, aceptar quién soy y reconciliarme con todo lo que me inquieta. Rompí algunos esquemas mentales que estaban ahí por pura costumbre y me impedían hacer lo quería y estar contenta. Empecé a filosofar por fin.

Desde entonces he estado formándome y haciendo todo lo que puedo para mejorar y ser una  profesional de la práctica filosófica.

PROPÓSITO DE ESTE ESPACIO

La mala fama que arrastra la filosofía la traduzco en cuatro aspectos: es difícil, aburrida, inútil y para locos.

Mi propósito es mostrar lo contrario: la filosofía es fácil, divertida, útil y todos tenemos una.

¿Cómo? A través de su práctica: ofreciendo y compartiendo experiencias y reflexiones en favor de una vida más plena y consciente.

¿Por qué? Porque filosofar no es otra cosa que pensar. Pensar para entenderse a uno mismo, para comprender este mundo en el que vivimos, tomar decisiones y actuar. Pensar es la herramienta más valiosa que el ser humano tiene y hay que aprender a utilizarla.

No todo sistema mental nos lleva por buen camino. Mi propio sistema todavía tiene fallos, y los seguirá teniendo. Pero mediante la práctica de la filosofía puedo limar y compensar mis carencias y virtudes. Me divierto más, me arriesgo más y eso me hace sentir viva, ser coherente y tomar las riendas de mi existencia.

No hace falta ser un erudito para filosofar. No es necesario ningún conocimiento previo de la materia, basta con querer buscar la verdad, querer indagar con el otro y estar dispuesto a sorprenderse.

A esto es a lo que me dedico, a ofrecer ese apoyo a todo aquel que, tenga o no un problema, quiera acercarse a un tipo de experiencia mental a la que no estamos habituados.

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