CAFÉ Y PASEO FILOSÓFICOS

La filosofía se quedó encerrada en las aulas hace ya demasiado tiempo. Los contenidos curriculares le echaron la soga al cuello y solo algunas personas son capaces de liberarla de la condena, de darle valor y utilidad fuera de la academia.

Los parques, las plazas, los museos, las librerías o los bares son lugares ideales para la filosofía, pero están desaprovechados.

Es difícil generar interés por algo que parece llevarnos más cerca de la incertidumbre que de la certeza, y a nuestra mente le encantan las certezas, las historias consistentes.

Buscamos casi de manera inconsciente las causas y los efectos para formarnos una idea hilada sobre cualquier suceso y cuando en este proceso se nos escapa algún acontecimiento o detalle, cuando aparecen espacios en blanco, nos vemos superados y abandonamos.

Siempre es más fácil abandonar y condenar aquello que escapa a nuestro entendimiento. Pero, ¿qué pasa si hacemos lo contrario?

¿ qué sucede si encontramos preguntas sin respuesta?

Probablemente no es que nos falte respuesta sino que aparecen ante nosotros tantas posibilidades que nos perdemos en la abundancia y decidimos quedarnos al margen.

Llevar la filosofía a la calle, a esos espacios comunes, y convocar a las personas de a pie para practicar el pensamiento, es una forma de afrontar el océano de dudas en el que estamos inmersos.

Estas prácticas, y me refiero a los cafés filosóficos y otras actividades semejantes, están sometidas a debate entre los más entendidos en la materia: unos piensan que no pueden ser filosóficas y otros pensamos que sí lo pueden ser.

Todo depende de la persona que dirija o coordine la actividad. Esta persona deberá establecer unas normas básicas y podrá decidir cómo de filosófico sea el diálogo.

En cualquier caso el juntarse con gente, ya sea tomando un café o dando un paseo, para poner nuestras opiniones a prueba, para escuchar y participar en diálogos sobre importantes conceptos abstractos, presentes en nuestras vidas y a la vez tan alejados y extraños, y hacer esto con cierto rigor, me parece no solo interesante sino también recomendable y muy valioso.

Dedicamos tiempo y esfuerzo a nuestro cuerpo. Hacemos deporte, cuidamos la alimentación, nos ponemos guapos y guapas con cremas y maquillajes… y seguro que todos sabemos el lema de “mente sana en cuerpo sano”, pero parece que para practicar la primera parte nos faltan gimnasios y técnicas.

Muchísima gente practica la meditación y otras disciplinas que ejercitan las capacidades mentales, y consiguen desconectar el modo automático que normalmente tenemos puesto. La filosofía, en toda su grandeza suele estar detrás de esta programación y desprogramación.

Para bien, y para mal, las ideas que los seres humanos tenemos conforman el mundo en el que vivimos. Algunas de esas ideas se alzan con la bandera de la verdad hasta que vienen otras y luego otras, y otras. El pensamiento, el mundo, nuestra naturaleza está en constante movimiento, en evolución.

Y en esta idea filosófica personal la filosofía sería como el Guadiana. Aparece y desaparece, pero siempre está ahí, en cada uno de nosotros, moviéndose y horadando un cauce por el que nuestra vida fluye, con una dirección y un propósito. También está en el sistema social al que pertenecemos, en la religión, en la educación, etc., programas comunes que damos por buenos.

Los cafés filosóficos, los paseos filosóficos y actividades similares, son el lugar donde poder exponer estas ideas y sorprenderse de su fortaleza o fragilidad, donde poder compartir nuestros conocimientos, donde aprender a expresarnos y comunicarnos. Son el lugar en el que podemos hablar de esos temas que a todos nos interesan o nos inquietan y que no tienen cabida en otros sitios.

Como decía, estas experiencias se pueden dar en múltiples espacios pero dependen en gran medida de la persona que las anima. Hay filósofos que solamente ejercen de árbitros en el diálogo, otros que trabajan sobre las actitudes de los participantes más que en el contenido, los hay que utilizan el método socrático o el propio de Filosofía para niñ@s.

En general, los modos de llevarlo a cabo suelen tener unas normas básicas:

– Respeto al turno de palabra, estando prohibido interrumpir a quién lo tenga en uso.

– El animador nunca debe imponer su visión personal y procurará dar prueba de una gran capacidad de escucha y análisis.

– El tema de discusión podrá ser elegido por los participantes o podrá proponerlo el/la animador/a.

Para que se den esas condiciones que lo hacen más o menos filosófico, el animador puede considerar estas cuestiones:

– Pedir que los discursos sean claros y concisos.

– Formular preguntas y planear objeciones a las argumentaciones.

– Comparar las ideas expresadas y establecer relaciones entre ellas.

Todas las semanas propondré un encuentro filosófico en algún lugar de la ciudad y te lo haré saber a través de mi página de facebook Filosofía Útil y a través de este blog. Pero si quieres contactar conmigo puedes escribirme a lafilosofiautil@gmail.com