Un poco de magia

Que el mundo está detrás de la pantalla lo sé desde hace mucho, pero me negaba a aceptarlo. No me manejo bien en la vida online, me falta paciencia para la tecnología, me ahogo entre tanta información y me cuesta un triunfo expresarme, mostrarme, hacerme presente en ese mundo.

Esto no significa que en la vida offline me mueva mejor. Mi tendencia a quedarme al margen y la sensación de que la realidad se me come, de que el mundo me queda demasiado grande están ahí.

Aún así, decidí afrontar el reto. Un reto lleno de frentes abiertos, casi todos ellos desconocidos: montar de manera más o menos decente un blog. Involucrarme en redes sociales, planear y publicitar actividades. Salir a la calle en busca de lugares en los que pueda practicar la filosofía, en busca de personas que aunque consideren mi profesión de carácter dudoso, me den un voto de confianza porque algo dentro de ellas les inquieta.

Para hacer todo esto tenía que darle un giro a las razones que mi cabeza generaba y que me impedían dar un paso adelante. No pensar que el mundo es demasiado grande sino pensar que gracias a que lo es, un huequito habrá para mí. No pensar que me agobia el exceso de información, sino detectar cual es aquella que verdaderamente me importa, que me dice algo y aprovecharla. Sobretodo no pensar que no puedo sino pensar que sí puedo.

La exigencia de escribir es con creces la parte más difícil. Desde el primer post me he sentido encorsetada, presa de mis propias palabras, medidas y correctas. Me expreso pero siento que no todo lo que quiero. Es cierto que hablo de filosofía aunque prácticamente no mencione corrientes y autores. También hablo de que es útil e incluso divertida, te cuento alguna experiencia y hasta ahora poco más.

Pienso que tiene mucho que ver el hecho de que nunca me había puesto a escribir. A escribir un texto hilado con cierto sentido y no un millar de notas y frases inconclusas, que es lo que generalmente contienen mis cuadernos y los archivos de este PC.

He de confesar que tardo mucho tiempo en escribir unas mil palabras, que es el mínimo que me exijo, pero tardo más aún en atreverme a darle al clic de publicar cada semana. La lucha comienza con la página en blanco y acaba con la victoria ante la vergüenza, el miedo al qué dirán.

¿Por qué me meto en este berenjenal? Porque tengo un sueño que cumplir. Más que un sueño, es un propósito. Un propósito que le da sentido a mi vida o por lo menos eso es lo que creo hoy en día.

Ese sueño o propósito no se limita al reto de encontrar mi lugar en este mundo. También quiero ayudar a otros a vivir más conscientes de sí mismos, más tranquilos y satisfechos.

Si bien practicar la filosofía es la manera que yo he encontrado para descubrir mi propósito, para tomarme en serio alcanzarlo y que además sea la herramienta para ayudar a otras personas, hay otra cosa que me hizo dar un giro de 360 grados: caminar.

En la entrada anterior mencioné por encima que estaba peregrinando cuando Ana accedió a experimentar la consulta filo conmigo.

Caminar, peregrinar, ya sea a Santiago o a cualquier otro lugar ha resultado ser una gran medicina para mi alma.

Dicho así suena a que mi alma padecía algún tipo de enfermedad o dolor, y así era. Un dolor sin nombre. Un pesar profundo consecuencia de la sobrecarga de preocupaciones estúpidas del día a día.

Salir de casa con lo indispensable simplemente a recorrer kilómetros, los dos primeros días es duro, porque el cuerpo se queja y la mente te pregunta en qué demonios pensabas cuando decidiste aventurarte en el camino. Pero a partir del segundo día, a mí por lo menos se me olvida completamente que era eso tan importante que me tenía angustiada en casa. Intento recordar esos problemas cotidianos que me comen la cabeza y resulta que se han esfumado.

En el camino sucede algo casi mágico: las preocupaciones (por llamarlas de alguna manera) se reducen a dar un paso tras otro, beber agua, comer y encontrar un sitio donde dormir. Lo demás no importa.

No importa tu edad, no importa si eres guapo o feo, no importa a qué te dedicas, si tienes o no dinero, si tienes o no pareja. No importa ni tu religión, ni tu ideología, ni si eres más o menos inteligente. No importa lo que dejas atrás ni importa lo que tienes delante.

En el camino vives la magia del presente. Dejas de tener prisa y el detalle más insignificante te produce tal placer que hasta el más escéptico no puede por menos que decirse a si mismo: la naturaleza, el mundo es un milagro. La vida es un hermoso milagro.

Soy una enamorada del camino, y si mi sueño en pequeñito es darle a la filosofía el valor de ayudar a otros a pensar y ser felices y que esta sea mi profesión, mi sueño a lo grande es hacerlo mientras peregrino, porque yo la vida la quiero sentir como el milagro que verdaderamente es.

9 pensamientos en “Un poco de magia

  1. Prima. No dejes de escribir. Me inspiras y me transmites mucha paz. GRACIAS. Ojalá estuviéramos más cerca, te aseguro q no me perdería un cita con la filosofía.

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  2. Me emociona este post, y mira que por la cercanía a ti, alguna de estas cosas ya me las conozco, pero la valentía que demuestras al abrirte así, sabiendo lo difícil que te resulta, y ese afán de mejorar no solo tu vida, sino también la de los demás, me hacen admirarte cada vez mas.

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  3. Nena que tu vales mucho, que a mi me pusiste las pilas para continuar en el Camino de Vida. Ah y por favor sigue publicando que mola porque lo que escribes se entiende sin utilizar un diccionario. besazo. gracias.

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  4. Excelente post felicitaciones gracias muy inspirador exito en tu dia a dia, se que costo pero el resultado es super Genial adelante aquí estare al pendiente para leer mas y aprender de ti.

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  5. Pingback: Echar a andar | Filosofía Útil

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