Filosofía en el camino: ana&maría

Cuando descubrí la consulta filosófica y empecé a formarme tenía claro que por mucha teoría que supiese, el método requería habilidades que solo dominaría practicando y teniendo yo misma la experiencia, tanto de consultora como de consultante.

¿Y qué hace uno cuando está aprendiendo y necesita conejillos de indias? Reclutar a sus familiares y amigos.

La primera persona que accedió fue Ana, amiga y compañera de carrera, de piso y de aventura, casi una hermana.

Peregrinando hacia Santiago, después de caminar toda la mañana, paramos en Mondoñedo y esa misma tarde de sol, en una terraza tomando algo, le propuse que hiciéramos una prueba.

Fue mi primera vez. Había asistido a seminarios, hecho cursos, visto y analizado vídeos, pero tenía cero experiencias. Hoy quiero contar aquí el día que perdí la virginidad, el día exacto en el que supe qué quería hacer con mi vida.

Cogí mi cuaderno y le expliqué que se trataba de un juego en el que ella tenía que formular una pregunta, algo que le preocupase, le causara inquietud o curiosidad, y que desde esa pregunta yo la cuestionaría. Debía ser concisa.

Lo que expuso fue: ¿Tengo problemas reales?

Mi trabajo consiste en encontrar los supuestos, buscar las contradicciones, hacer pensar aquello que no se quiere pensar. Con esta pregunta se me ocurría hacer dos cosas: dar importancia a uno de los presupuesto que contiene: que hay problemas irreales; o preguntarle si tiene alguna hipótesis de respuesta.

Elegí lo segundo, a lo que respondió: sí, tengo problemas.

A continuación le pedí que formulase uno de ellos: convierto mis problemas en algo ajeno a mí.

Mis opciones aquí fueron: preguntarle como llamaría a una persona que convierte sus problemas en algo ajeno, es decir, incidir en que se hiciese consciente de que su formulación representa una huida, o preguntar por qué supone eso un problema.

Hice esto último, a lo que contestó: porque así ni los enfrento ni los soluciono.

Podía haber buscado en este momento la contradicción preguntándole si nunca ha enfrentado un problema y puesto solución. Lo más probable es que no pudiese aceptar en mi formulación ese “nunca”, puesto que es casi imposible que no haya tenido un problema y lo haya resuelto. Tiraría por ese lado con la intención de que, reconocida la contradicción se parase a pensar en que es aquello que le permitió hacerlo, pero dada mi inexperiencia y con ánimo de experimentar, le pregunté:

¿Quieres buscar la verdad sobre esto? Asintió y le pedí la formulación de un problema concreto. Había que focalizar su atención, pedirle un ejemplo sobre el que trabajar.

¿Por qué me cuesta tanto escribir si es lo que quiero?

Costar es pagar por el valor de algo, supone esfuerzo, y el esfuerzo supone dolor. Ana quiere algo pero no quiere sufrir, no quiere pagar el precio. Esto me hace pensar varias cosas: o no quiere ese algo, en este caso ser escritora, o tiene miedo, o no sabe hacerlo o es una cuestión de pereza.

Tanteo con otra cuestión: si es lo que quieres, ¿por qué no lo haces?: Vagancia.

Es posible que exista algo de miedo, de no saber hacer o de no querer realmente lo que dice que quiere, pero al darme una respuesta clara, aprovechamos para investigar ese aspecto y no otros con menos peso. Esto no significa que la verdad de su sistema esté solamente en ese camino, pero elegir ayuda a centrar una línea de exploración. Simplifica y clarifica.

De las cuatro opciones que barajé, su respuesta se ajusta a la cuestión de la pereza. Para verificar qué es a lo que ella llama vagancia, le pido una definición escueta.

¿Puedes darme una definición de “vagancia”? Estar más cómodo en lo fácil.

Ahora sí hago un intento de llegar a una contradicción, cuestionando el hecho de que algo cómodo y fácil sea un problema:

¿Por qué si es más cómodo no quieres permanecer ahí? Porque me siento mal.

No sé que hacer con esta respuesta… puedo hacer que busque un concepto que represente ese sentirse mal, es decir, que le ponga un nombre (tristeza, angustia, impotencia, etc.), pero en ese momento mi mente se escapa otra vez al concepto de pereza y le pregunto:

¿Cuándo no eres perezosa? El mes pasado viajando.

Si ella misma encuentra en su historia personal un ejemplo de que es capaz de no dejarse vencer por la pereza, podemos ver que sucedió, saber cómo lo hizo en aquella ocasión para de alguna manera encontrar el patrón y repetirlo.

¿Por qué no eres perezosa en ese momento? Porque te tienes que mover.

Esta respuesta implica que hay una obligación. Algo o alguien obliga a la pereza a echarse a un lado.

¿Qué te hace moverte? Me gusta, me siento bien, hay una motivación.

Como nos ocurre a muchos, si estamos motivados no paramos de hacer cosas y eso nos hace sentirnos bien, pero quiero saber a qué se refiere Ana con que hay una motivación.

¿Qué es la motivación? Tener ganas.

Bien, si estar motivado es tener ganas y ella quiere escribir, ese deseo implica ganas, sin embargo no lo hace.

Entonces, ¿no tienes ganas de escribir? No lo sé.

Es posible que se haya agotado la opción de la vagancia, aunque yo dejase pasar momentos en los que hubiésemos alcanzado contradicciones que supusieran una brecha en el pensamiento de Ana, este no saber lo que en un principio sabía (que quiere escribir) es lo que le hace darse cuenta de que su sistema le engaña. Le hace replantearse no solo si lo que desea lo desea realmente, sino también que es lo que está haciendo para conseguirlo. Pero todavía no lo ve claramente.

Un poco a tientas, intento saber si las ganas le entran por algún tipo de influencia externa o si solo depende de ella.

¿Hay algo externo que te mueva o te pare? Me mueven personas, lecturas, descubrimientos.

Vuelvo a no saber por dónde tirar. A mi pregunta responde solo a la parte de qué es lo que la motiva, pero no me dice qué la paraliza, así que:

¿Qué estado de ánimo te paraliza? La culpabilidad, derrotismo.

No estoy segura de que la culpabilidad sea un estado de ánimo, pero entiendo lo que quiere decir y me olvido de ser rigurosa preguntándole:

¿Quién te echa la culpa? Yo misma.

¿Puedes definir “la culpabilidad”? Malestar por algo que es responsabilidad mía.

¿Qué es la “responsabilidad”? Que algo depende de mí.

¿Qué es lo que depende de ti? Yo misma.

¿Por qué cuando se trata de completar una etapa de estas rompe-piernas, montaña arriba, tiras como sea, pero si se trata de perseguir esa meta te rindes antes de haberlo intentado? Porque en el primer caso estoy segura de que voy a conseguirlo, pero en el segundo no.

Si recordamos el comienzo de la consulta, ella decía que convertía sus problemas en algo ajeno y así ni los afrontaba, ni los solucionaba. Ajenos sus problemas y su motivación, nada tiene que ver con ella, es una versión de Ana al margen del mundo que actúa cuando tiene la seguridad de que va a obtener un resultado.

Ana tenía la creencia, ya automatizada, de que sus ganas de hacer o no algo dependían de otra cosa, de algo ajeno y no de ella, y de hecho afirma que se mueve cuando algo externo le influye u obliga. Detecta que no está siendo responsable con sus propósitos, que está parapetándose tras una mentira que se cuenta a sí misma para justificar su inmovilidad, pereza o como queramos llamarlo.

Podían haber pasado dos cosas en cuanto a su problema concreto de querer ser escritora: que descubriera que estaba tras un propósito equivocado o que se reafirmara en su deseo de ser escritora. Afortunadamente para los que la leemos en su web vive como piensas sucedió lo segundo.

Decía al principio que quería describir la consulta con Ana, porque no sé si a ella le sirvió para algo, pero para mí supuso punto de inflexión porque:

  • me reconocí en su problemática
  • mi cabeza empezó a saber que yo tampoco estaba haciendo lo que quería
  • me permitió poner a prueba mi capacidad para dedicarme a la práctica filosófica
  • me ayudó a reafirmar mi propósito

Aunque… no solo las cosas ocurren por un montón de palabras que ahora transcribo con asombro. Quizá el peregrinaje, el movimiento, lo que nos hemos ido encontrando, los senderos que decidimos tomar, etc. nos siguen ayudando a tener conciencia sobre la responsabilidad que tenemos sobre nuestras vidas y el valor que le damos.

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12 pensamientos en “Filosofía en el camino: ana&maría

    • Gracias Mercedes! Como cuento en el texto, fue la primera vez que me atreví a cuestionar a alguien de tu a tu y ahora revisando me doy cuenta de la multitud de cosas que se pueden hacer y que mientras la sesión sucede no tienes en cuenta. Seguiré aprendiendo y si no me entran temores extraños, publicando. Un abrazo!!

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  1. Lo ” cierto” es, que cuesta trabajo estarse cuestionando las cosas siempre; a veces veo a mis perritos tumbados en el campo y me dan envidia, quisiera ser como ellos y vivir feliz comiendo, durmiendo y con cuatro mimos, pero lo” cierto” es……….. que no soy un perro.

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      • Tienes razón, la resignación debemos reservarla únicamente para los casos en que no nos sirva ninguna otra cosa, mientras tanto, por mucha pereza que me de, seguiré peleando contra ella para vivir mi vida lo mas intensa y satisfactoriamente que pueda.
        Gracias por tu ayuda, tanto en marcar límites donde son necesarios, como en derrumbar otros que solo sirven para ¿resignarme?

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      • Te diría que más que pelear, aceptes que a ratos eres perezosa. Yo me convenzo constantemente de que un poco de “rato en blanco” al día no viene nada mal 😉 Gracias a ti por estar ahí

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  2. Ya que aún tienes dudas sobre si a la consultante le sirvió de algo la sesión, no te quepa duda de que sí. Aunque fuese la primera, aunque fueras permisiva con algunas de mis contradicciones, descubrí mucho más de lo que ya sabía sobre un problema al que había dedicado ya mucho tiempo y reflexión.

    Quizá los problemas no vengan por causa externa, pero esta claro que una buena consultora filosófica trabajando desde fuera con todo lo que se agita dentro de una, sí que ayuda a traer la claridad y, con ella, las soluciones.

    ¡Me debes otra! Que ahora que ya “soy” escritora tengo dudas nuevas.

    Un abrazo muy grande.

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    • Como diría Oscar Brenifier ( el Sócrates reencarnado del que intento aprender), eres una cliente fácil: por darte al juego sin prejuicios, por tomarlo con humor y porque ya sé yo de sobra que reflexión previa no faltaba.
      Te debo las que quieras Anina, y sobretodo te debo unas enormes GRACIAS!!

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  3. Muy buen trabajo María, me ha encantado leerlo y trabajarlo contigo, porque antes de leer tus preguntas pensaba las que yo haría, mil gracias por darme esta oportunidad.
    Un beso. Lola

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