Morir para Vivir

En el post anterior te decía que puedes inventar quién eres, pulir y revisar esa construcción de ti mismo. En este te propongo que te mates, que asesines a tu yo.

Podemos entender ese yo como una sola cosa, como una unidad en la que no se diferencian sus partes, en la que no se tiene en cuenta la multiplicidad de aspectos que lo conforman.

A Freud, el papá del psicoanálisis, no le cuadraba mucho esta idea, sospechaba que pensar en el hombre como una unidad indiferenciada era falso. Así que propone disolver esa unidad partiendo al hombre en tres pedazos, o diciéndolo de otra manera, considerando que en cada persona hay tres personajes y cada uno de ellos tiene un guion.

El protagonista de la obra es el yo, es el que en última instancia da la cara en el escenario, decide, padece, acepta o realiza acciones, es decir, el que vive y experimenta la realidad. Pero se ve influenciado por los otros dos personajes: el ello y el superyó (también llamado ego).

El ello le dice al prota lo que necesita, lo que desea, sin tener en cuenta ni la realidad, ni las normas sociales, ni siquiera que sus peticiones sean más o menos lógicas. El ello pide, reclama y hasta exige lo que quiere sin pararse a calcular consecuencias y sin racionalizar las situaciones a las que se enfrenta el yo. Suele ser el que tiene hambre o quiere el placer del sexo.

El superyó también habla e influencia al prota, le dice que tiene que ser perfecto, es crítico y no se corta en reprochar continuamente aquello que aleja al yo de su imagen ideal: la que no comete errores, la que ambiciona recompensas por su buen hacer. El superyó atiende al orden moral y ético que rige el contexto en el que vive el yo.

Me imagino al yo en medio de la escena y al ello y al superyó tirándole cada uno de un brazo en direcciones opuestas. El pobre protagonista se encuentra continuamente entre la espada y la pared.

Una situación incómoda ¿no?

Lo ideal es pensar que el protagonista puede mantener un equilibrio entre sus dos amigos, pero esta idea es una ilusión. Es cierto que muchas veces se corresponden o se contrarrestan, pero ¿Qué pasa cuando no es así?

Un ejemplo: voy por la calle y me cruzo con alguien que despierta a mi ello y este me grita que desea mantener sexo con ese alguien, pero a la vez el superyó me grita que no es correcto que me abalance sobre el. Lógicamente no puedo obedecer la norma y a la vez satisfacer mi deseo, me tengo que decantar.

Puedo pensar esta situación desde la lógica, que me prohíbe dos cosas contrarias a la vez, pero también la puedo pensar desde la dialéctica, que me invita a hacerlo.

La guerra que se da entre esos dos amigos que me obligan y a los que obedezco (a uno o a otro), me hace sufrir la vida. Vivo pero es como si estuviese muerta.

Y aquí quería llegar con toda esta historieta: a la idea de que soy una sola cosa y a la vez múltiple y a la idea de que estoy viva y a la vez muerta.

La dialéctica en general me permite pensar estas antinomias, pares de conceptos opuestos. La práctica filosófica en particular me permite llegar a que sean una realidad, me permite la ilusión de estar en el justo medio.

La práctica filosófica es una manera de asesinar a esos dos personajes que te tienen dividido, es el arte de matarte para vivir siendo libre.

Veo mucha gente que aparentemente está viva, pero en realidad lo que hace es moverse en una rueda automática de experiencias. Se levantan de la cama, van al trabajo, comen o se relacionan porque es lo que hay que hacer. Se apegan a sus deseos o sus opiniones sin cuestionar nada y sus caras no reflejan vitalidad. Nunca están satisfechos, siempre quieren más. Si te pones delante de ellas y les invitas a pensar algo diferente a lo que están acostumbrados, se ofenden y pelean. Hacen esto para sentir que su posición tiene sentido, pero no es más que un reflejo del dominio que ejerce en ellos uno de esos dos amigos del subconsciente.

Veo también aquellos que de una u otra forma han muerto para renacer siendo más auténticos, más conscientes, más libres. Limpios de caprichos y normas, sabiendo lo que quieren y lo que tienen que hacer sin perjudicar al resto del mundo.

Convivir con el resto del mundo es lo que nos obliga a dividirnos en tres, acordar normas y generar juicos. Al que muere en vida le dan igual las convenciones o las opiniones y se mueve en un plano que solemos calificar de raro: va a lo suyo, sonríe habitualmente, no hace daño a nadie y consigue lo que desea.

Puede que hayan sufrido un accidente o una enfermedad y que lo hayan superado, puede que hayan tocado fondo y hayan resurgido. Los hay que comienzan un camino de meditación, o cambian de golpe su vida dejándolo todo y dando la vuelta al mundo. Estrategias radicales de morir para vivir que a veces elegimos y a veces no.

Otros, practicamos la filosofía, en donde matarte sería por ejemplo deshacerte de una opinión a la que te agarras por puro orgullo o ceguera. Para saber que estás siendo cabezota o ciego, que sería el primer paso, debes revisar y cuestionar tu cadena de pensamiento sobre esa opinión hasta que en algún momento llegas a una contradicción.

Aunque finalmente tu opinión sea acertada o te convenga quedarte con ella, el someterse al mazo de la práctica es una manera más de morir para vivir. La diferencia es que eres tu quien decide darse el golpe en un espacio con red, no hay riesgo y el protagonista se salva.

Es posible que este artículo contenga presupuestos que no se pueden aceptar, o que resulte un poco embrollado, pero mi yo acaba de nacer de nuevo y está explorando sus ideas sin compañía de sus antiguos amigos, el ello y el ego, que están entre bastidores lamiéndose las heridas.

2 pensamientos en “Morir para Vivir

  1. Tu reflexión me hizo recordar el libro “El lobo estepario” de Hernnan Hesse. Una de sus frases que apunté, memoricé y uso mucho, antes más que ahora, es: “como cuerpo, cada hombre es uno; como alma, jamás”. Y, sí pues, el alma es inmortal, renace después de morir; es como el ave fenix. Cada vez que renace es una alma nueva, dispuesta para vivir intensamente y morir con la misma pasión con la que muere.

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